miércoles, 3 de octubre de 2007

Eclipse

El eclipse se anunciaba en el aire de la mañana.
Se abrieron las ventanas de su cuerpo empujadas por el viento cálido del verano, y lo vio llegar con su andar lento, seguro, marcando a fuego los caminos que lo llevan a su casa.
Cerró los ojos y su perfume llegó hasta ella, encendiendo cada centímetro de su piel.
Ahora, lo presiente avanzando, mientras inquieta y dócil, tiembla presagiando el encuentro.
Recorre palmo a palmo cada espacio, cada curva, cada escondite de su casa, que es también la de él y ella decide no oponer resistencia a su impetuosa invasión
Nota la fuerza inesperada decidida a arremeter contra todo lo que se rebele inútilmente a su decisión, y luego lo siente subiendo lentamente, escalón por escalón, la blanca y mórbida escalera que lo llevará hacia arriba, hacia la gloria donde ella espera.
El desliza su mano por la barandilla rozando apenas la blandura humedecida, y un palpitar inquieto la sacude involuntariamente.
Todo se convierte en un encuentro concertado, y lo recibe y acompaña en todo el recorrido de sus ávidos sentidos.
No hay freno ni limitaciones a la búsqueda de espacios comunes, y cuando no queda extensión alguna sin descubrir, el eclipse carnal se completa.

2 comentarios:

La otra parte de mí dijo...

que bueno está!me encantaron las imágenes.besos.

Luis Amezaga dijo...

Esos lugares comunes que son conquista de dos, donde las fronteras se difuminan. Eclipse.